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Tocando Corazones Transformando Vidas: Relatos de la Bitácora

¿Qué busca la gente? …¿Por qué  tanto afán… ¿Cuál es el motivo de su inconformidad?… Quizás de su agresividad? … ¿Por qué  no sonríen? … ¿Qué  quieren lograr?… ¿Cuál es su meta? … Mejor aún ¿Tienen metas?… ¿Saben con qué recursos cuentan? … ¿Conocen sus habilidades o destrezas?… e incluso ¿Conocen sus debilidades? …

Son muchas preguntas para una sola persona, incluso son muchas preguntas para un solo encuentro personal con un desconocido, que quizás se ha topado contigo, bien sea por casualidad o simplemente ha llegado a ti buscando respuestas.

A veces me impresiona, como llegan a tu vida personas perfectamente extraña a ti y que en poco tiempo, se convierten en una razón para experimentar vida, donde el encuentro espiritual es inminente y donde las explicaciones sobran, porque simplemente sabes que ese encuentro viene de Dios. Es aquí donde está la respuesta a las muchas preguntas planteadas al principio de este artículo. Convencida decía a un amigo: El gran problema de la gente es la falta de Dios, es decir la falta de amor y es que, es el amor cristiano el más rico experimento de amistad, donde no hay egoísmos, donde no hay rivalidad, donde se busca el bien del otro y donde cada día hay más herramientas para que las personas que están perdidas busquen su brújula y empiecen a orientar sus vidas.

Justo en esa búsqueda que tiene el ser humano de encontrar una razón de vida, me he encontrado con personas maravillosas que me han enseñado que no importa que tan letrado seas, siempre tienes algo que aprender, que no importa que cultura tienes, siempre habrá otra que te impresione, que no importa que tan lógico seas, siempre hay una deliciosa locura que disfrutar, que no importa que tan serio seas, pues siempre vale la pena sonreír, y mejor aún no importa que tan cansado estés, siempre vale la pena continuar viviendo, y no importa que tan destrozada esté tu vida, siempre vale la pena amar.

Fue así que me encontré con mi coachee Alexandro, un joven venezolano como muchos que tienen la esperanza de un mundo mejor, que tienen sueños de mejorar su futuro, que tienen la ilusión de algún día cambiar su vida. Todo era un sueño, solo que él no estaba consciente del poder de su interior y menos de que los sueños se hacen realidad.

Lo conocí en una conferencia donde él hablaba de emociones y cómo esas emociones pueden afectar positivamente al ser humano para potenciarlo, para terminar con una técnica coach que me dejó impresionada, allí demostró su destreza en algo que para mí era importante y la pregunta no se hizo esperar.
¿-Eres Coach?

Ese fue solo el comienzo de una historia, a decir verdad de una gran historia, ya con muchas conversaciones, muchas escuchas, preguntas, repreguntas, donde fuimos clarificando ideas, sobre lo que para él en ese momento era su meta, su sueño, su objetivo. Sin darme cuenta desarrollamos la Capacidad de establecer y mantener una relación de confianza y en ese mismo sentido me hizo convertirme en su Coach.

Cuando me percaté, estaba practicando las maestrías de la Internacional Association of Coaching (IAC) a pesar que la comunicación e interrelación se hacía por teléfono y por correos diarios que esperaba ansiosamente.  Allí se me daba parte de todas las actividades, tareas y ejercicios espirituales que sugería a mi Coachee con el fin de Abrirse e Invitarlo a nuevas Posibilidades y Ayudarlo a establecer y mantener sus intenciones (metas y objetivos) claros.

Nuestra relación de comunicación llegó a ser tan compenetrada que no podía pensar que alguien creyera que no se puede hacer coaching por vías electrónicas. Todavía algunas personas piensan que los E-Coach son un invento o un esnobismo de algunos novedosos pensadores. Pensadores, que a mi criterio son personas de mentes amplias y que están buscando dar respuestas a las necesidades del ser humano.

El personaje era un joven culto, inteligente y admirado por muchos. Un Conferencista natural, que daba testimonio del talento humano. Una persona con grandes experiencias en el mundo empresarial, pero siempre como toda persona importante, pero sobre todo como ser humano necesita un coach. Siempre se necesita un Coach cuando de lograr metas se trata y en este caso la meta era conseguir un trabajo fuera de Venezuela, el lugar ya lo tenía pensado e incluso había enviado uno que otro curriculum para empresas específicas donde él quería trabajar y donde pensaba podía hacerlo. Solo eso tenía cuando lo conocí, una gran ilusión de salir de país y abrirse un nuevo destino en otro.

New York era el lugar que Alexandro había escogido para su nueva vida profesional y el deseo de irse hizo que una mañana cualquiera su corazón palpitara más fuerte y su emoción lo hiciera brincar de alegría. Había recibido un correo donde lo estaban contratando para trabajar en Nueva York con una empresa filial de la que trabajaba en Venezuela. Debía presentarse a su nuevo trabajo, para la próxima temporada y eso era en tan solo dos meses y dos meses es muy poco tiempo para lo que según Alexandro tenía que hacer. Su primer instinto: renunciar a su trabajo, dejarlo todo y escapar, porque en el fondo descubrí, que él  solo buscaba trabajo en otro país para escapar, como lo había hecho en una oportunidad anterior, sin éxito definitivo, pero para esa época no contaba con un coach, y ahora sí. Un coach que no solo manejaba las herramientas y técnicas para coachear, sino que también era sensible al poder que hay en el hombre cuando se deja amar por Dios y de eso el sabía quizás poco o simplemente lo había olvidado en el camino de su desarrollo académico, mental y social.

“No lo voy a lograr y no tengo tiempo para desgastarme en eso”, fueron las palabras que activaron las alarmas de mi sistema Coach. Estaba enfrentando la primera estructura fuerte que había que derrumbar en mi coachée. Quizás experiencias previas o su sistema de valores dentro de un país en crisis, hacía que surgieran creencias limitantes que si no lograba derribar, sabía le iría mal. Eso estaba claro para mí, pero tenía que estar claro para él, porque si no, no valdría la pena nada. Era él quien tenía que descubrir su propio proceso, sus propias creencias limitantes, pero era yo su coach, quien tenía que ayudarlo a que él lo descubriera.

El tiempo era corto y las gestiones eran muchas, debía escoger una técnica coach, que fuera efectiva, no había tiempo para prácticas, además la distancia no ayudaba, él estaba en Maracay un estado al centro de Venezuela y yo estaba en una Isla, así mismo, en la hermosa Isla de margarita de Venezuela, pero Isla al fin separados por el amar, en este caso por el mar caribe.

La herramienta fue la Sonrisa, producto de todo el potencial maravilloso que mi coachée iba descubriendo en él mismo, poco a poco se dio cuenta, que el amor que le pongamos a las cosas y la disposición con que hagamos lo que queremos, teniendo las metas claras, es una fuerza que sostiene cuando se está cansado, cuando creemos podemos fallar e incluso cuando las cosas no nos salen como esperamos.

El cambio de actitud fue la clave, para emprender lo que para ese momento era imposible, día a día había que hacer un trámite, día a día era un nuevo reto, día a día una nueva ilusión, que iba acompañada de una llamada telefónica, de un correo o un simple mensaje de texto. Aquí escuchaba, preguntaba, repreguntaba, clarificaba, estaba en el presente, haciendo surgir opciones o posibilidades, que él tomaba y las hacía suyas, lo que permitía mantener sus objetivos claros y lo más bello de todo era el nivel de confianza que empezamos a disfrutar, lo que hizo crear un sistema de apoyo que se mantuvo en el tiempo, y lo mejor, que todavía se mantiene. Estaba practicando las maestrías del Coaching de la IAC y era maravilloso.

Así fue como un día me llamó y me dijo. “Tengo el permiso de trabajo en mis manos. Igualmente un acuerdo firmado que indica que cuando yo regrese, si es que regreso (aquí hubo risas), podré recuperar mi trabajo y mi padre tener opción a seguir en la empresa”.

Mi alegría era infinita, lo habíamos logrado, lo más difícil para todos había sido posible y detrás de eso, mucho aprendizaje, muchas alegrías, muchos cambios de actitud, muchas creencias derrumbadas, pero había algo que lo hacía diferente y eso era que se había recuperado la fe. Si, la fe en él, incluso la fe en Dios y eso lo estaba transformando en un ser humano maravilloso. Sus palabras eran cada día más optimistas, con más fuerza, con más decisión, seguridad y empuje. Era como si una fuerza mágica se hubiera apoderado de él y lo hacía invencible, luego entendí era la fuerza del amor de Dios que había tocado su corazón y lo estaba transformando. Su alegría su sonrisa y su emoción traspasaban la línea telefónica, en los correos se veía dibujada su sonrisa y los mensajes de texto gritaban estoy feliz.

Como Coach quise conectar con su alegría y aproveche un viaje que hice a caracas y lo visité. A Dios gracias pude hacerlo por cuatro oportunidades, antes de que se fuera. Solo contacté lo que reflejaban sus mensajes, no fue preciso aplicar la técnica de la rueda de la vida, para descubrir había una situación familiar que le afectaba, muy en el inconsciente de él, pero que le afectaba. Lo sabía, por sus conversaciones, aunque él no me lo dijo.

Seguimos el proceso y luego otra muralla, se levantaba como obstáculo, no había pasaje para Nueva York, un problema con el sistema político y económico de su país impedía la normalidad de
la venta de pasajes. Aquí la cosa se puso dura. Esta fue otra situación que hizo trastocar mi sistema coach. Otra vez mi Coachée me decía: «no me podré ir, ya hice todo y no hay pasaje” Muchos obstáculos, muchas diligencias, muchas opciones, muchas alternativas y siempre la repuesta era NO HAY PASAJE.

Nuevamente tuve que aplicar un electroshock emocional y que él mismo se diera cuenta de todo lo que había logrado, en este proceso y la compra de un pasaje era nada, solo que había que seguir intentando posibilidades. Se dio una y comenzaron a fluir las cosas, pero la fe recobró su energía y el amor de Dios seguía allí bendiciéndolo. Así fue como llegó un correo nocturno donde decía “Ya tengo pasaje comprado para Nueva York” los detalles a continuación.

Nuevamente, mi emoción era tan grande que parecía que la que iba a viajar era yo. Allí entendí la frase de la International Association of Coaching: Viviendo las Maestrías #LivingTheMaestries. Estaba coachando y estaba viviendo las maestrías de la IAC, estaba feliz, me sentía feliz y esa felicidad todavía perdura.

Pero había quedado una situación familiar por allí, sin resolver, que decidí dejar en Oración, porque nunca fue explicada por él, pero si entendida por mí. Esta era una muralla de muchos metros de altura, de roca fuerte y cemento viejo, pero como dije al principio, cuando se mezclan las técnicas coach, con el inmenso amor de Dios, no hay muralla por muy fuerte que sea, que no se pueda derrumbar. Y esta muralla la derribó el amor, el amor de Dios que se derramó en su familia, en un encuentro espiritual con sus padres. Fue así que me llamó llorando de alegría, henchido de emoción, para compartir su felicidad. Felicidad que todavía disfruta y lo emociona y esa emoción lo mantiene vivo hasta ahora, llena su alma y potencia su espíritu. Hizo la paz con Dios y ahora es su amigo que sabe lo acompaña y lo acompañará en su viaje, en su nueva vida, en su nuevo trabajo, en su nuevo país.

A solo una semana de su viaje le negaron la visa de trabajo, lo que en otro momento hubiera sido una tragedia, lo asumió con inteligencia emocional, se rio y dio gracias diciendo: otro reto que asumir, otra situación por resolver, otro aprendizaje que asumir, pero también otras soluciones por crear y finalizó diciendo: “Esta situación no me robará la felicidad, ni me separará de la fuerza del amor de Dios. Visa voy por ti.”

En ese momento supe, que ya podía caminar solo, que ya había descubierto sus potencialidades, que tenía fe en él y fe en Dios que todo lo podía resolver creando posibilidades, dando opciones a la vida y caminando hacia la meta con una sonrisa, que era el anclaje de éxito que practicó, asumió y le dio resultado en todo este proceso coach.

Por mi parte me siento agradecida con la vida, por la oportunidad de vivir esta experiencia como E-Coach, que ha dejado en mí un gran aprendizaje de vida, ha sido una experiencia enriquecedora para mi espíritu, ha sido un encuentro con él, conmigo misma y hasta con Dios. Encuentro que todavía llena mi alma, alegra mi espíritu y me hace sonreír sola. Yo también me siento Feliz, teniendo ahora, no a un Coacheé en Nueva York triunfando, sino a un Amigo. Y quien tiene a un amigo, tiene un tesoro.

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Somos lo que CREEMOS

Para hablar sobre las creencias y su poderosa influencia en nuestro comportamiento, quiero relatar una historia que refleja cómo lo que pensamos puede afectar nuestras actitudes y los resultados que pretendemos alcanzar.

Un gran Maestro sabio extendió una viga de madera sobre el piso y les dijo a sus alumnos que debían atravesarla sin tocar el suelo. Todos lo lograron fácilmente y hasta lo repetían jugando y diciendo que no había mayor dificultad en ese desafío que su honorable Maestro les estaba indicando. Sin embargo, el Maestro, observando la actitud de sus discípulos, quiso retarlos aún más y ver quiénes serían capaces de afrontarlo con éxito. Esa noche les advirtió que al día siguiente esa misma viga sería colocada encima de un estanque, en cuya agua vertería un ácido muy fuerte que quemaba la piel, de tal forma que quien cayera al agua sufriría profundas  heridas. Durante la noche los alumnos no durmieron pensando en la peligrosa prueba y de cómo lograrían superarla para no decepcionar a su honorable Maestro. Llegada la hora, el Maestro les dijo que debían atravesar el estanque, caminando sobre la viga. Temblando debido a la inseguridad y el temor que dicha prueba requería, comenzaron a cruzar y la mayoría de los discípulos cayó al estanque con ácido. De inmediato los sacaron y estos comenzaron a sentir ardores y a algunos hasta les salieron ronchas y sarpullidos. El Maestro no les dejó sufrir mucho y sonriendo les dijo: “La piscina carece de ácidos, solamente le eché tinta verde al agua”.

Esta pequeña historia nos muestra que lo que pensamos y creemos sobre nosotros mismos y sobre las cosas, hace estragos en el organismo y en nuestras vidas. Por eso la importancia de trabajar sobre nuestras creencias, miedos y bloqueos limitantes para transformarlos en creencias potenciadoras, que eleven nuestra autoestima y nuestras capacidades para alcanzar nuestras metas y objetivos.

Si pensamos y sentimos que algo es verdad, estamos hablando de creencias, ellas son experiencias subjetivas que se presentan tanto en nuestras mentes como en nuestro cuerpo; cuando asociamos un pensamiento con una emoción, estamos generando un fuerte sentimiento hacia algo, a ese algo lo llamamos creencia.

Dependiendo de lo que creamos, resultarán cosas diferentes; la realidad y lo que percibimos de ella se ajustará a nuestras creencias. Como muy bien señaló John Ford, “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto”.

Ahora bien, hay que destacar que nuestras creencias son programas mentales que hemos heredado, producto de nuestra infancia, educación y proceso de socialización, los vamos incorporando a lo largo de toda la vida y hacen que actuemos en una determinada dirección. Nuestros padres (con sus palabras, gestos, expresiones, ejemplos) aportan todas las herramientas para aprender nuestras creencias. Son programas que tienen una gran influencia en los tipos de lentes que se usan para mirar el mundo. Subconscientemente van a regir todas nuestras acciones importantes.

Al ser programas, podemos intervenirlos, modificarlos y obtener otras coordenadas que nos permitan interpretar la realidad desde otra perspectiva. El trabajo de Coaching permite que podamos analizar y reconfigurar la estructura de las creencias de nuestros clientes, ya que mediante este proceso, se identifican aquellas que pueden impactar positiva como negativamente en su crecimiento y en el logro de sus objetivos.

Al permanecer en el subconsciente, afectan la percepción que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea: ¿Quiénes somos?, ¿cómo somos?, ¿quién es exitoso y quién no?, ¿en qué o en quién creo?. Dependiendo de si las creencias son potenciadoras o limitantes, nos empujan, apoyan, o por el contrario, nos frenan, obstaculizan e impiden nuestro desarrollo y aprendizaje. Tienen tal fuerza, que se convierten en una profecía autocumplida, conocido como el “Efecto Pigmalión”.

Este tiene su origen en una leyenda mitológica griega donde el rey Pigmalión esculpió una estatua con la figura ideal de la mujer. A Pigmalión le gustó tanto su obra que quiso que se convirtiera en un ser real. El deseo fue tan fuerte que hizo todo lo que pudo para conseguirlo. Pidió ayuda a Afrodita, la diosa del amor, la cual ayudó a que su sueño se hiciera realidad. Así nació Galatea, su mujer ideal.

[note style=»» bg=»» border=»» bordercolor=»{{bordercolor}}» color=»»] El Efecto Pigmalión requiere de tres aspectos: creer firmemente en un hecho, tener la expectativa de que se va a cumplir y acompañar con mensajes que animen su consecución. Lo que es posible y lo que no es posible para mí, lo marcan mis creencias.

Dentro de las creencias limitantes podemos distinguir tres clases: • Las que se relacionan con la desesperanza: “No vale la pena esforzarse”, “¿Para qué lo voy a hacer?”, “No importa lo que haga, todo seguirá igual”. • Las que se relacionan con sentimientos de impotencia, en las cuales los seres humanos creen que no se merecen ciertas cosas: “No podré alcanzarlo”, “No soy capaz”, “No tengo los recursos”. • Las que tienen que ver con el merecimiento: “Soy malo y no merezco nada mejor”, “No sé por qué me tomaron en cuenta para ese trabajo”.

Estas creencias ejercen un poderoso impacto que limita la capacidad de desarrollo. Como Coach debemos ayudar a nuestros clientes para que las identifiquen y las cambien por unas que impliquen esperanza en el futuro, percepción y sensación de poder, de capacidad, de valor y alta autoestima, en otras palabras, convertirlas en creencias potenciadoras.

Una creencia potenciadora es la actitud pujante que toma una persona debido a las situaciones que vive día a día, esta actitud los lleva a mirar siempre hacia adelante, buscando buenos resultados, siempre siendo perseverantes y creyendo en sí mismos, aplicando la frase SÍ PUEDO. “Felices son aquellos que sueñan y están listos a pagar el precio necesario para hacerlos realidad”, León Joseph Suenens.

No solo aprendemos a creer, también podemos desaprender las creencias limitantes. Para cambiar creencias negativas por positivas debemos, primeramente, identificarlas (para lo cual requerimos tener un conocimiento sobre nosotros mismos). Luego, analizar las consecuencias e impacto que causamos en los demás, las causas- efectos de qué, cómo, por qué. Hecho esto, decidimos hacer el cambio; debemos estar convencidos y comprometidos con el QUERER, aquí entran los deseos, las emociones y la motivación. El tercer paso consiste en VISUALIZAR el cambio deseado, empleando una serie de recursos, como la imaginación, la intuición, las posibilidades y la creatividad. Por último, debemos manifestar y expresar el cambio por medio de nuestras palabras y conductas, comprometerse con uno mismo a ACTUAR en función de nuestros valores, nuestra rutina y en el tiempo.

Nuestro estado de ánimo y nuestra actitud son importantes ante cualquier reto y cualquier experiencia.

Aprendamos a generar los cambios necesarios para realmente vivir. Si crees que tú puedes cambiar, cambiarás tu futuro. Creer es Crear. Elijas lo que elijas, lo que está claro es que todo dependerá de la experiencia que quieres tener en la vida y de que la hagas vibrar desde lo profundo de tu corazón.

Quiero terminar con la frase, “Aquello que puedes hacer o sueñas que puedes hacer, comiénzalo. La audacia tiene genio, poder y magia”, Goethe.

Este artículo cuando lo escribí fue publicado originalmente en la Revista Global Coaching Magazine en Octubre 2013 N.º 16 http://globalcoachingmagazine.com COACHING ALTERNATIVO – CREENCIAS

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El Capitán. Relatos de la Bitácora del Life Coach

Escrito Fernando Celis

La siguiente es parte de una serie de capítulos basados en experiencias recopiladas en estos dos años del proyecto Certificación Internacional de Life Coaching. Los personajes son ficticios, la metodología de Life Coaching narrad0 en ellos son reales y efectivas. Somos todos héroes navegando las aguas de nuestra propia historia. Todos han aportado su energía y pasión para seguir impulsando este gran movimiento de Life Coaching en la región. El artículo a continuación fue seleccionado para aparecer en el libro de Life Coaches de la IAPLC en Estados Unidos.

De la misma forma, ILC Academy estará publicando el libro Life Coaching: Relatos de la Bitácora con historias de los Life Coaches y Life Coach Trainers la cual será publicada por la editorial Cognitio Books, editorial que publica los libros de Wolfgang Hoffmann, Jan Moller, Carola Castillo y Fernando Celis entre otros, esperelo en 2015. Mientras tanto, espero que les guste el primer relato:

El Capitán

Fernando Celis

El Capitán está sentado en la playa frente al Mar Caribe, solo, sobre un tronco olvidado por el tiempo que sirve de asiento, aceptó el llamado a la aventura; pidió la baja en la Armada y se mudó con su esposa e hija de 17 años a La Isla. No estaba conforme con lo que se estaba convirtiendo el servicio que tanto admiró. Política y corrupción no entraban en su esquema de valores, así que decidió comenzar algo diferente. Un nuevo comienzo, una práctica privada como ingeniero civil, y los recursos para comenzar una nueva vida.

Una villa con piscina privada con una maravillosa vista del mar en el este de la isla y un paisaje lleno de verdor. Los vestigios de fuertes y castilletes eran clara prueba de que una vez se tenía que proteger a la población de piratas y enemigos. Estos días los piratas habían retornado y estaban manejando el país. Así que decidió aceptar ese llamado y dirigir sus velas a otras aguas con la visión de lograr independencia, y libertad. La visión lo llevó a inscribirse en una certificación de Life Coaching que se dictaba en la Isla. Ahí fue donde nuestros caminos se encontraron, o mejor dicho, ahí fue donde tuve el privilegio de ser parte del Viaje Heroico del Capitán.

Últimamente, el Capitán había perdido certeza. Comenzó a cuestionar sus decisiones de mudarse a la Isla. Quizás no había sido una buena idea. Su esposa cuestionaba sus constantes cambios de emocionalidad. Sentimientos que lo llevaban de nuevo una y otra vez a cruzar la calle y sentarse en la playa. Solo, observando el cielo azul y sol caer, en completa soledad.

Fue un participante activo, siempre haciendo comentarios que permitían la reflexión y el aprendizaje de todos. Pero se sentía la sombra, el sentir que faltaba algo para lograr plenitud, respuestas a preguntas que no había tenido el coraje de realizar. Estaba contemplando irse de nuevo, esta vez a España- Allí podría comenzar de nuevo, pero, ¿cómo poder comenzar si no has terminado de comenzar donde estás? El conflicto lo estaba despedazando, y todo lo que podía hacer era escapar en soledad, a mirar el azul del mar y el sol caer sobre el Mar Caribe. Todos los días.

Tuvimos una breve conversación en la playa, más que una sesión de coaching, fue una de la que prefiero llamara sesión de expresión. Nos encontramos en Playa Guacuco, antes del amanecer, las condiciones eran de calma total, las olas estaban pequeñas, pero muy aptas para surfear con una longboard:  glass aceite y tubular, como lo llaman los surfistas de la zona. Caminamos hacia la playa a ver salir el sol, haciendo su despliegue de luces ámbar mientras emergía sobre el Caribe. Cero destello verde, o la ciudad dentro del sol, sólo el efecto de la rotación de la tierra, y el magnífico show de luces que los elementos nos proveían, suficiente para que cualquiera pudiese pasar el swiche y sentirse bien. La vibra del capitán era neutra.

Así que me encontré en la vía de entrar en ese estado de presencia, de conectar nuestros campos, generando esa energía de intención para a contribuir, para guiar, para coachear.

“Corramos hasta la torre de salvavidas al final de la playa y de regreso, ok?” Eso fue todo lo que se me ocurrió en el momento.

Corrimos, dos hombres de mediana edad, fuera de forma, tratando de encontrarle sentido a las cosas, disfrutando del paisaje y la arena, me di cuenta de que el capitán se volvía competitivo, incrementando el paso, llegamos a la torre de salvavidas, y comenzó a correr más  rápido de regreso. Fue difícil mantenerme solido al mismo paso, y eso que soy surfer, era divertido y desafiante a la vez, y cuando ya estaba por alcanzarlo, dio todo lo que tenía en esos últimos cien metros. Llegamos al final, el capitán caminando hacia la orilla del mar, yo jadeando, exhausto, no está mal para 54, pensé, mientras mi corazón palpitaba más  fuerte que lo normal, el aire lleno de ozono y sal se sentía tan bien. El capitán estaba allí parado, viendo el mar, su cara resplandeciente en el sol de la mañana, reflejando las gotas de sudor que caían por su rostro como pequeñas estrellas.

Se sentía bien, la vibra retornaba al sentarnos frente a un trío de palmeras para comenzar la conversa. Romper el patrón limitante mediante ejercicio y oxigenación era una manera grandiosa de cambiar el estado de un cliente, funcionaba siempre.

La primera pregunta tenía la intención de pedir prestado sus ojos para ver su realidad, y después expandirla. Vino a Margarita a escapar de una persecución política y social; había sido etiquetado por el gobierno dictatorial castro madurista como traidor a la patria, por no apoyar la “revolución” que no era otra cosa que una pandilla de forajidos armados buscando perpetuarse en el poder. Se sentía orgulloso de vivir fiel a sus valores, honor, coraje y la búsqueda de la paz interior. Escapó con sagacidad un intento de secuestro y sabía que vendrían otros. Margarita parecía una buena opción. Vendió todo y ejecutó su plan de mudanza.

Ahora, era libre. Su hija podía ir a la escuela secundaria sin la necesidad de protección especial, no hacía falta el auto blindado. Su esposa estaba feliz, no importó el trauma que implica una mudanza, nunca se quejó. Era una gran vida la de la isla, una de compras, un ambiente excelente para crecer, un entrenador privado de fitness, y tardes de relax en la piscina de su villa privada. Caracas estaba a solo 35 minutos en avión, era como vivir en el extranjero pero estando en Venezuela, lo mejor de dos mundos. Ahí es donde yacía la base del conflicto estructural: la incertidumbre de la decisión. La conversación siguió por un laberinto de preguntas, sondeos socráticos y reflexiones, profundizando cada vez más hasta descubrir esa creencia limitante, la cual salió de forma  natural como una rata que se le saca de su madriguera a punta de fuego y humo.

“No sé si tome la decisión correcta” El capitán se desplomó. La vergüenza de no ser lo que creía ser, un capitán de una nave de Guerra, pesaba una tonelada. Ahora estaba descompuesto, con miedo a marcar una ruta. Su certeza se había desvanecido y estaba afectando su relación con su esposa. Su hija de 17 años estaba mostrando signos de rebelión juvenil. Las discusiones en casa se estaban volviendo intolerables para todos.

Empezamos a explorar nuevas formas de descubrir nuevas posibilidades. Una nueva manera de ver las cosas, comenzamos a cuestionar su creencia. “No tengo certeza en mis decisiones.” ¿Es eso verdad? ¿Cómo opera esa creencia? ¿Cuál ha sido la consecuencia de aceptarla? ¿Dónde vive? ¿Qué necesidades satisface?

Una creencia es una sensación de certeza acerca de lo que algo significa, así que es real. Pero la realidad puede ser cuestionada hacia la neutralidad. Cada creencia limitante es una historia que compramos que no ha sido investigada por otras perspectivas. Cuestionar una creencia hace que esta  pierda validez. El Capitán comenzó a descubrir una nueva manera de percibir su situación actual. Comenzó a respirar de forma más calmada, más tranquila, recuperó su compostura y comenzó a caminar, esta vez hacia el mar, siguiendo un camino que solo él conocía. Lo seguí con curiosidad de cerca, escuchando con detenimiento e interés, a medida que reflexionaba acerca de todo lo que estaba descubriendo. Sentí una nueva vibra, era esperanza. Pero hacía falta profundizar.

Al final de la playa había una colina, desde allí se podía ver la bahía a de Pampatar. El sol ya llenaba el ambiento de intensa luz y el cielo azul era más intenso que nunca. Al llegar a la cima nos encontramos los vestigios de un viejo fortín colonial del siglo 18. Nos sentamos en la muralla, donde siglos atrás se habían presentado batallas y aventuras. Comencé a explorar los callejones de la certeza perdida del Capitán. La pregunta que siguió fue lógica, salió por si sola:

¿Te recuerdas de un momento en tu vida donde has tenido la certeza absoluta de algo?

El Capitán recolectó en silencio. De l0s miles de conexiones y archivos en su base de datos, recuperó un momento. Esperé en calma y en expectativa por la respuesta, conectando nuestros campos de energía. Presente. El Capitán estaba en un barco, específicamente la fragata F22 Mariscal Sucre, una nave de defensa equipada con misiles de mediano alcance, a cargo de la escolta de buques de la marina mercante y cruceros por el Caribe hacia el canal de Panamá.

Fue durante el Huracán Bertha, un fenómeno que generalmente se aleja de las costas de Suramérica  siguiendo una ruta errática por el Caribe atravesando las islas en su viaje hacia el Atlántico. Esta vez, giró hacia el sur. Nunca antes esto había ocurrido, y la nave enfrentaba olas de 8 metros de altura, ráfagas de viento laterales de 90 millas por hora y una tripulación aterrada. ¿Qué ves? Le pregunté, mientras se conectaba con una estructura intensa de mando.

“Veo las caras de mi tripulación, me miran con respeto, admiración, estoy dando órdenes. Estoy enfocado a la tarea, llegar  a aguas seguras. Todos escuchan cada palabra, cumplen las ordenes al pie de la letra, las olas golpean la fragata como un barco de juguete, cada punto de la nave debe estar asegurado, cada escotilla sellada, todo compartimiento debe ser cerrada, cada marejada considerada para seguir la ruta, correcciones menores de curso deben ser alteradas, cada minuto una nueva decisión.”

Después vino lo inesperado…la ola forajida.

“Rogue Waves: Olas Forajidas (también conocidas como olas monstruo, olas asesinas u olas anormales) son olas de superficie relativamente grandes y espontáneas, son una amenaza inclusive para barcos grandes, y cruceros.

En Oceanografía, se les define de forma precisa como aquellas olas cuyo tamaño es más del doble del tamaño significante de ola (Hs o SWH)” De WIKIPEDIA

El capitán estaba encendido mientras relataba cómo logró salvar la nave. ¿Qué ves? ¿Lo ves en tercera persona o estas viéndolo con tus ojos? “Lo veo en primera persona, veo la cara de admiración de la tripulación, los marineros, escuchando sus comentarios. Estoy seguro, tengo la certeza, estoy al mando.” Y cuando lo dijo, lo sentí.

Se relajó y se sentó a absorber los rayos del sol de la mañana. Luego caminamos a nuestro punto de partida en la playa. “Ahora dime Capitán, cuando estas inmerso en la incertidumbre de tomar las decisiones actuales, ¿Que ves? ¿Qué sientes? Pregunté con profundo respeto. El Capitán cerró los ojos.

 “Estoy sentado frente a la playa, me veo desde atrás, mirando un mar calmado y oscuro. Estoy triste, avergonzado…”

Entonces le pedí que cambiara la cámara. “Entra dentro de ti mismo, míralo con tus propios ojos. Respira como estabas respirando cuando comandaste el F22 por las fauces de Bertha. ¿Que ves?”

Al cambiar su fisiología radicalmente, se puso de pie, lágrimas comenzaron a marcar trazos en su rostro resplandeciendo en el sol de la mañana. “Veo a mi hija viéndome con admiración, el mar no está oscuro, mi esposa está al frente con sus ojos llenos de amor, confiando en mi buen juicio al tomar decisiones. Ella necesita mi certeza. Dios mio! Ha estado en dolor y no lo había notado por estar envuelto en sentimientos de autocompasión. Olvidé lo que significo para ellas y lo que deseo para cada una.”

 “Ahora”, le solicité de forma asertiva “Ancla ese momento, ancla el feeling, dale a esa estructura un nombre.” Y con un gesto de poder al cerrar su puño exclamó, “Capitán!”, “Más duro!” solicité. “Capitán” respondió enfáticamente. “Con más fuerza” pedí.  “Capitán!” gritó con determinación.

Esta vez, fui testigo de un verdadero momento de transformación, un breakthrough, un cambio de vibra, su campo de energía se expandió y lo pude sentir, en ese momento, no era coach, era un ser humano presente en admiración ante el poder y expansión de un gran hombre, con ideas, planes, compromisos con su familia y un sentido de propósito.

Fuimos a desayunar para esbozar un plan de acción. Diseñó una serie de iniciativas para desarrollar el crecimiento de su práctica profesional, amaba el coaching y decidió que podía contribuir con el desarrollo, expansión y crecimiento de otros, que al igual que él, estaban estancadas en ese loco ocho de considerar emigrar a otro país. Hasta desarrolló una estrategia de salida para considerar España como un segundo hogar. Comenzó a construir un plan para establecer un estudio de coaching online en su villa en Margarita. Todo parecía fluir fácilmente, pero requería de esa energía y un sentido de dirección y enfoque. Por ahora, sabía que estaba en el lugar correcto, había descubierto un llamado que le daba a su vida una razón de ser.

Al alejarse de la sesión me quede pensando en todos los eventos de la mañana. Eran las 8:00 am, el día apenas comenzaba, miré con asombro el mar al darme cuenta que una marejada estaba entrando, olas perfectas de izquierda estaba comenzando a reventar en el arrecife de Playa Cardón, perfectas, reflejando el sol de la mañana majestosamente. Una buena mañana para una session de surfing. Pero tenía una pregunta más que hacer, le grité a lo lejos. “Capitán. ¿Que vas a hacer ahora?”

Me miró a lo lejos sonriendo, su rostro reflejando felicidad y fuerza, mientras me miraba ahí, terminando mi segunda empanada de cazón, me gritó con fuerza:

“Voy a regresar a mi casa, a hacerle saber a mi esposa que estoy al mando de este barco!”

Y mientras me quede allí solo, absorbiendo sus palabras, comprendí de nuevo porque amo esto del Life Coaching.